lunes, 4 de abril de 2011

La Muerte




Y por fin la vi. Estaba frente a mí, acercándose, segura y sigilosa. Ahora si me tenía bajo su manto de perdición: estaba arrinconada, ésta vez no había escapatoria, había llegado mi final.
Mientras mi aliento se volvía frío, seco, pausado y casi imperceptible, la Muerte me miraba a los ojos. Estaba deseosa de poder llevarme. Sonreía. Ésta vez sería suya eternamente. Conforme se acercaba a mi cuerpo sin vida, no podía evitar sentirme aliviada. Al final, había obtenido lo que quería, ella solo estaba a unos pasos de mi, yo estaba a su merced. No había un diálogo entre nosotros porque la Vida ya lo había dicho todo por ambas. No teníamos secretos. Ella sabía cómo me habría gustado irme... siempre lo supo. Quería que fuera elección mía, y de ella; quería que su capa me cubriera suavemente, sin prisa, que me levara a donde solo ella sabía que yo debía estar.
Ya era hora. Se quedó mirándome. No podía esconder su satisfacción... había logrado traerme hacia ella y no había necesitado demasiados artilugios. Sabía que nos necesitábamos la una a la otra. Eramos las dos quienes nos mirábamos como pares, entendiéndonos sin palabras. Una suave brisa inundó la habitación, era placentero sentirla... estaba extasiada, comenzaba a sentirme en casa. Tanto trabajo, tantos intentos, tanta lucha por encontrar mi lugar y ahí estaba, a escasos segundos... solo me quedaba exhalar por última vez, liberarme de todo aquello que me ataba a la Vida y entregarme completamente...
Ambas sonreímos felices. 
Y cuando estaba a punto de extender mi mano, sentí como era tomada en brazos. No, no era la Muerte... ella también reflejaba en su rostro tanta incomprensión como yo. Había alguien más que nosotras en la habitación... alguien cálido, suave, único. Esa persona estaba conmigo, cuidándome, protegiéndome... me estaba volviendo a traer entre los vivos... 


domingo, 3 de abril de 2011

Angel y Demonio







Como el fénix que alguna vez resurgió de las cenizas... otra vez estoy aquí, volví para quedarme, para vivir intensamente todo aquello que no pude vivir antes, donde los muertos no me dejaban liberarme de las dulces cadenas de la soledad...
Otra vez esa extraña sensación golpeó mi puerta, pero ésta vez es diferente... solamente tú sabes lo que me haces sentir, y todo lo que pasé para hoy poder verte, sentirte y dejarme querer por tu alma...
ya se que no voy a estar sola nunca más, y también se que mis cadenas se transformaron en el humo de 
un cigarro con sabor a felicidad, antes tan amargo y ahora es mejor que el mejor de los habanos...